«Morir donde nace el cierzo» aborda temas profundos como la vida, la muerte y la reconciliación. ¿Qué te llevó a escribir una historia tan existencial y qué esperas que los lectores saquen de esta experiencia literaria?

‘Morir donde nace el cierzo’ surgió de una profunda necesidad personal de explorar y comprender las complejidades de la existencia humana. La vida, con sus altibajos, y la muerte, con su misterio inevitable, son temas que siempre me han fascinado. En particular, me interesa cómo las personas enfrentan estos momentos críticos, cómo encuentran sentido en medio de la incertidumbre y cómo se reconcilian con las decisiones que han tomado a lo largo de su vida.

La historia de Juan se convirtió en un vehículo para abordar estas cuestiones. A través de su viaje, quise explorar cómo las experiencias pasadas, las relaciones y las decisiones pueden influir en nuestra percepción del final de la vida. Al mismo tiempo, la novela plantea la posibilidad de un más allá, invitando a los lectores a considerar qué podría haber después de la muerte. Esta dimensión especulativa permite reflexionar sobre lo que podría significar nuestra existencia más allá de lo tangible y conocido.

Espero que los lectores de ‘Morir donde nace el cierzo’ encuentren en esta historia una invitación a reflexionar sobre sus propias vidas y su propia existencia. Me gustaría que esta novela sirva como un espejo en el que puedan ver no solo la fragilidad de la vida, sino también su belleza, y la importancia de vivir de manera auténtica y significativa. Mi deseo es que, a través de la lectura, se atrevan a pensar sobre su propio camino, enfrentando los temas de la vida y la muerte con una nueva perspectiva y tal vez se planteen la importancia de la consciencia como parte esencial de la existencia humana.

En la novela, Juan revisita su pasado y reflexiona sobre sus decisiones. ¿Cuánto de ti mismo y de tu vida personal hay en el personaje de Juan? ¿Fue difícil plasmar tus propias emociones y experiencias en él?

En todo lo que uno escribe, inevitablemente se filtran datos, experiencias y reflexiones personales. Aunque la historia de Juan no es un reflejo directo de mi vida, algunas de sus evocaciones de infancia sí recogen mis propias vivencias o experiencias de personas con las que me relacioné en esa etapa. Por ejemplo, uno de los capítulos más difíciles de escribir para mí fue el que narra el tiempo de Juan en un internado de un colegio religioso. Aunque nunca estuve interno, fui testigo de situaciones similares y algunas de las experiencias que describo fueron difíciles de revivir emocionalmente.

En contraste, escribir sobre los veranos de infancia en la villa de Ágreda fue una experiencia gratificante. Esos recuerdos están llenos de juegos y aventuras que alimentaron mi imaginación y contribuyeron a mantener un espíritu creativo a lo largo de mi vida. Esos momentos de mi niñez influyeron profundamente en la forma en que abordé la historia de Juan, y creo que aportan una autenticidad especial a esos pasajes.

Las reflexiones existenciales de Juan, aunque en su mayoría surgieron de mi imaginación, también se nutren de mis propias meditaciones, de conversaciones con personas cercanas y de las ideas que he encontrado en mis lecturas. El resto de sus experiencias y muchas de sus decisiones proceden de mi imaginación, permitiéndome explorar aspectos de la condición humana desde diferentes perspectivas. La verdadera dificultad radicó en plasmar estas ideas de manera que fueran comprensibles y accesibles para el lector, asegurándome de que los temas tratados conectaran de una manera profunda y significativa.

Ignacio Cólera Beamonte. Autor de la obra.

La historia está ambientada en el macizo del Moncayo, un lugar que te es cercano. ¿Qué papel juega este paisaje en tu vida y cómo ha influido en tu proceso creativo?

La montaña sagrada de los celtíberos, el Moncayo, ha tomado un protagonismo especial en las dos novelas que he publicado. Este paisaje no es solo un escenario; es un espacio vital donde los protagonistas viven experiencias profundas y un santuario que combina lo extraordinario con lo existencial. Mi conexión con el Moncayo es profunda: toda mi familia materna desciende de Ágreda y Vozmediano, dos localidades estrechamente ligadas, tanto geográfica como anímicamente, a esta montaña. He pasado todos mis veranos en Ágreda, un lugar que ha gestado los mejores recuerdos de mi infancia y ha sido clave para despertar mi imaginación y, por tanto, mi creatividad. Así, para mis dos obras, y para otras dos que estoy escribiendo, he creado un universo mítico y personal que encuentra su hogar en esta villa y en la montaña del Moncayo.

Hasta el título de la novela, Morir donde nace el cierzo, refleja la profunda conexión con este lugar. Mi abuelo solía decir que en el Moncayo nacía el cierzo, ese viento característico que recorre el valle del Ebro y define parte de la identidad de Zaragoza. Aunque en realidad el cierzo tiene un origen más lejano, es el Moncayo el que le da su fuerza y carácter distintivo. Al elegir este lugar tan significativo para su final, el protagonista de la novela subraya la importancia de esta montaña, no solo como un escenario, sino como un elemento fundamental de la narrativa, un símbolo de los ciclos de la vida y la muerte.

Cada capítulo de la novela está ilustrado con un arcano mayor del tarot, un detalle que añade simbolismo a la narrativa. ¿Qué te inspiró a integrar el tarot en la estructura del libro y qué significan estas ilustraciones para ti?

El tarot, con sus imágenes arquetípicas, siempre me ha fascinado como herramienta para explorar los misterios de la vida y la psique humana. En mi juventud, me atraía su capacidad para desvelar lo oculto; con el tiempo, lo he visto más como un medio de reflexión y autoconocimiento, parecido a contemplar un cuadro o un paisaje, permitiendo una conexión profunda con las emociones y pensamientos que evocan.

Integrar el tarot en Morir donde nace el cierzo surgió de mi deseo de añadir una capa simbólica que reflejara el viaje interior de Juan. Cada carta seleccionada para los capítulos actúa como un espejo de su desarrollo. Por ejemplo, «El Loco» simboliza el comienzo de su búsqueda, lleno de incertidumbre, mientras que «La Muerte» alude no solo a la mortalidad, sino a la transformación y la evolución interior, aspectos centrales en la trama.

Diseñar personalmente estas cartas me permitió vincularlas directamente con la historia, usando símbolos que reflejan tanto el viaje de Juan como los paisajes del Moncayo y la villa de Ágreda. De este modo, las ilustraciones del tarot no solo enriquecen la narrativa visualmente, sino que también profundizan en los temas de la novela: la condición humana, el destino y la posibilidad de trascendencia.

Como profesor jubilado y coordinador de un proyecto educativo premiado, ¿cómo crees que tu experiencia en la enseñanza ha influido en tu enfoque como escritor? ¿Encuentras paralelismos entre educar y narrar historias?

Mi experiencia como profesor de Educación Secundaria ha sido, sin duda, una de las más enriquecedoras de mi vida. No solo he impartido Física y Química, sino que he actuado como un educador en el sentido más amplio de la palabra. Trabajar con jóvenes, enfrentar desafíos y encontrar formas de conectar con ellos me proporcionó innumerables experiencias vitales que han influido profundamente en mi enfoque como escritor.

En la enseñanza, igual que en la narrativa, se trata de encontrar la mejor manera de transmitir ideas y conectar con las personas. En ambos campos, la empatía y la capacidad de comprender diferentes perspectivas son fundamentales. Mi trabajo con proyectos educativos, como la creación de cortometrajes en el aula, me permitió fomentar la creatividad y el trabajo en equipo entre mis alumnos, y estas experiencias no solo enriquecieron su aprendizaje, sino que también me enseñaron a valorar la importancia de contar historias que emocionaran.

Los paralelismos entre educar y narrar historias son claros para mí. En ambos casos, se trata de guiar a otros en un viaje, ya sea a través de conceptos académicos, la tutoría educativa o a través de los complejos temas que abordo en mis novelas. Los alumnos y alumnas me han ofrecido una perspectiva única sobre la vida, y esos encuentros han nutrido mi escritura, aportando autenticidad y profundidad a mis personajes y tramas. En mi novela ‘El tiempo es de color azul’, por ejemplo, los temas de conexión humana y comprensión se vieron directamente influenciados por mis experiencias en el aula.

En resumen, mi carrera como educador no solo me ha proporcionado historias y momentos para escribir, sino que también me ha enseñado a mirar el mundo con una mente abierta y espero que también con un corazón comprensivo, cualidades esenciales tanto para un buen profesor como para un escritor.

Morir donde nace el cierzo. Obra del autor publicada con Círculo Rojo.

Has sido reconocido por tus cortometrajes educativos en Servetus Studio®. ¿Qué diferencias y similitudes encuentras entre crear una obra audiovisual y escribir una novela como «Morir donde nace el cierzo»?

Aunque he dirigido algunos cortometrajes amateurs y los comparto en mi canal de YouTube (https://www.youtube.com/@eltiempoesdecolorazul), los cortometrajes educativos de Servetus Studio® (https://ignaciocolera.com/servetus-studio) son el resultado de un verdadero trabajo en equipo. Junto a mis dos compañeros, Carlos Moreno y José Manuel Mateos, coordino la creación de estas obras audiovisuales, guiando al alumnado en todo el proceso: desde la formación técnica y la elaboración de los guiones, hasta la interpretación, grabación y edición.

En la creación de cortometrajes, la elaboración del guion es quizás la tarea más complicada para los estudiantes, ya que requiere contar una historia que no solo sea coherente, sino que también conecte emocionalmente con el espectador. Lo consiguen tras un arduo esfuerzo y el resultado es palpable porque son cortometrajes premiados. Me apoyo en mi experiencia como escritor para ayudarles a crear historias y el proceso me proporciona nuevos aprendizajes y recursos en mi tarea de escribir. Es decir, todos aprendemos de la experiencia. 

En cuanto a las diferencias, escribir una novela como ‘Morir donde nace el cierzo’ es una experiencia más introspectiva y solitaria, donde tengo total control sobre el desarrollo de la historia y los personajes. En cambio, los cortometrajes son un esfuerzo colectivo que requiere colaboración y consenso, donde cada miembro aporta su visión y creatividad. A pesar de estas diferencias, tanto en la escritura de novelas como en la creación de cortometrajes, el objetivo final es el mismo: contar historias que impacten, emocionen y hagan reflexionar. Ambos procesos se alimentan mutuamente y me permiten explorar diferentes formas de narrativa, ya sea a través de la palabra escrita o de la imagen en movimiento.

¿Qué desafíos has enfrentado al tratar temas tan sensibles y personales en la novela? ¿Hubo momentos en los que te preguntaste si estabas yendo demasiado lejos o si era necesario para contar la historia de manera auténtica?

Al escribir ‘Morir donde nace el cierzo’, me enfrenté a varios retos al tratar temas tan delicados y profundamente personales. Uno de los mayores desafíos fue abordar el tema de la muerte, dado que nuestra cultura occidental tiende a evitar hablar abiertamente de este inevitable final. Existe una tendencia a enmascarar o ignorar ese horizonte último, como si evitar pensar en la muerte pudiera hacerla desaparecer. Sin embargo, para contar la historia de Juan de manera auténtica, sentí que era necesario enfrentarse a esta realidad con honestidad y sin rodeos.

Otro desafío importante fue explorar la decisión de Juan de terminar su vida bajo sus propios términos después de recibir un diagnóstico terminal. Es una elección que él ve no como un acto de suicidio, sino como una forma de eutanasia, un acto de amor por la vida que ha llevado y una manera de preservar su dignidad hasta el final. Es un tema sensible que puede generar controversia, pero era fundamental para la integridad del personaje y la historia. Reflexioné mucho sobre cómo presentar esta decisión de manera respetuosa y sin trivializar el dolor que conlleva.

Finalmente, la novela también aborda la posibilidad de un más allá, un tema que ha sido interpretado de múltiples formas a lo largo de la historia y en diversas culturas. Desde las visiones religiosas de cielos e infiernos eternos hasta las ideas de reencarnación y la posibilidad de la nada absoluta propuesta por el materialismo, quería invitar a los lectores a reflexionar sobre qué podría haber después de la muerte. La cuestión de la consciencia y su relación con el cerebro es un misterio que aún no comprendemos completamente, y este enigma se convirtió en una parte central de la novela. ¿He ido demasiado lejos? No lo creo. Para contar la historia de Juan de manera auténtica y ofrecer al lector una experiencia de reflexión profunda, no vislumbraba otro camino. Me resultaba necesario.

El personaje de Juan se enfrenta a la incertidumbre sobre la vida después de la muerte. ¿Cómo te posicionas personalmente frente a estos temas y cómo influyen en tu escritura y visión del mundo?

En “Morir donde nace el cierzo”, he planteado diversas hipótesis sobre la vida después de la muerte, explorando cada una para ver adónde me llevaban. Como muchos, tengo más dudas que certezas sobre lo que ocurre al final de la vida y la posible persistencia de la consciencia. Las religiones ofrecen respuestas concretas que, a través de la fe, proporcionan consuelo a muchas personas, pero a mí me resulta difícil aceptar ese convencimiento no racional.

Mi formación científica me impulsa a cuestionar y a explorar, y en este campo, no tengo certezas, solo posibilidades, deseos y, quizás, un poco de esperanza. Si existe un más allá, es un misterio que aún no podemos comprender completamente, y creo que, de existir, nos sorprendería poruqe quizá no se pareciera a nada de lo que nos han contado. Mientras tanto, lo que es real y tangible es nuestra experiencia vital, que también es finita. Cada día es valioso porque es único y no vuelve, salvo en nuestros recuerdos.

Siento la responsabilidad y el deseo de crear buenos recuerdos, tanto para mí como para quienes me rodean, a través del cariño, el afecto y el buen trato. Esta filosofía de vida la he aplicado también en mi trabajo como educador, aprendiendo tanto de mis alumnos como ellos de mí. Esta visión del mundo, construida a lo largo de los años, ha influido profundamente en mi forma de escribir. Me gusta contar historias, como hacía de niño, pero ahora lo hago con una madurez que me permite añadir valor a través de la emoción y la reflexión. Para mí, esta forma de ver el mundo aporta una mayor felicidad y sentido a la vida, y es eso lo que espero transmitir en mis novelas.

Más información y lugares de venta de ‘Morir donde nace el cierzo’:

www.ignaciocolera.com

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