El título Guantá es provocador. ¿Buscas incomodar al lector o despertarlo?
Busco principalmente hacer ver que la poesía es una herramienta muy válida para la reflexión personal y saber en qué lado de la historia podemos estar, si el lector se incomoda o se despierta con el título, entonces habré conseguido el objetivo que es llamar la atención y que la curiosidad haga al lector abrir el libro.
¿Hasta qué punto escribir desde la rabia puede ser más honesto que escribir desde la calma?
Tendemos a confundir términos y a catalogar como escritura desde la rabia a la poesía social, cuando yo pienso, que la poesía que hace reivindicaciones sociales y políticas, que claman a favor de los derechos humanos y que hace un llamamiento a la solidaridad, se debe hacer desde la más profunda calma y con la mayor honestidad, puesto que estás hablando de las cosas del comer y de las cosas del vivir de la gente. El campo semántico en la defensa de los derechos humanos a veces es antagónico con las etiquetas que se le ponen, urge un análisis del motivo por el que en la literatura se utilizan esos términos, aunque yo creo que lo tengo claro, se llama capitalismo.
En tu obra hay mucha crítica al poder. ¿Dónde crees que está hoy el verdadero poder que condiciona a la gente?
En el sistema capitalista salvaje en el que vivimos, donde lo primordial es el consumo de bienes, los necesitemos o no, pero que consumimos porque hay una telaraña de entramados sociales, económicos, políticos y religiosos que se alinean a este y que te dicen como tenemos que vivir, que cosas necesitamos y hasta como alimentarnos. Si tienes una conciencia anticapitalista y piensas que todo es un modelo ideado para hacerte a ti más pobre mientras que cuatro multinacionales se llenan los bolsillos y decides no participar de ese juego, el propio sistema te aísla de la sociedad, apartándote y dejándote en las lindes solitarias de la vida.
Hoy, en este sistema tan bien ideado, hay una paradoja que debemos analizar, podemos sentirnos ricos porque podemos tener un “Iphone”, el mejor “outfit” para hacer “burpees” en el gimnasio o una casa con piscina, pero no tenemos tiempo para hacer fotos con ese móvil, ni para tener una vida saludable ni para poder bañarte en la piscina de tu pedazo de casa, entonces, yo pienso que este sistema tiene una falla que parece ser que no nos planteamos mucho.
¿Te has autocensurado alguna vez por miedo a las consecuencias de lo que dices?
No mucho, en ese aspecto soy bastante valiente porque pienso que lo que digo, lo digo desde el respeto y la convicción más profunda, aunque es cierto que al principio, sobre todo, cuando empezaba en esto de la escritura, he pensado en alguna ocasión que tal vez ese poema pueda molestar a alguna persona o a algún colectivo, pero poco a poco, con los años, he ido aprendiendo que hablando de mi experiencia, puedo escribir de cualquier cosa en primera persona sin miedo a la censura por lo que alguien pueda pensar o por que algún verso pueda ofender. Yo escribo lo que soy y la gente es libre de leerme o no, si alguien decide leerme y se ofende el problema no es mío sino suyo.
En mis libros hay una sinopsis, una biografía de autor que ya muestra las intenciones del libro que se tiene en las manos, ya es decisión del lector si abrirlo o no. De una forma u otra lo bonito de la poesía es que es interpretativa y nunca puedes saber qué va a suscitar en la persona lectora ese poema o ese verso.
¿Hablas de memoria histórica. ¿Crees que en España seguimos teniendo una deuda pendiente con nuestro pasado?
Leonard Cohen en relación a Lorca dijo aquello de «No entiendo cómo España no ha excavado con sus manos todo el campo de Granada para recuperar el cuerpo de su poeta. No entiendo una nación que no le haya dado un castigo histórico a sus asesinos». Y como Lorca, cientos de miles desaparecidos que, después de 90 años, aún siguen sus huesos sudando bajo la tierra y que corresponden a muchas familias que no han podido cerrar las heridas del pasado al no saber dónde están sus familiares para darle una sepultura digna.
Hemos visto como se han condecorados militares, como la jefatura del estado pasó de mano en mano, como los tribunales franquistas de un día para otro se levantaron democráticos y en España no se han depurado responsabilidades del genocidio franquista en nuestro país. Es una losa grandísima, una mochila que llevamos a cuestas y un debe en nuestra historia con las generaciones pasadas, actuales y venideras.
Hoy, por desgracia, y como consecuencia de no haber depurado esas responsabilidades, vemos como en los estratos políticos y en la sede de la soberanía nacional se sientan señores y señoras de derecha y extrema derecha que hacen proclamas claramente franquistas y a los que les encantarían que volviésemos a vivir las peores páginas de la historia de este país. De nosotros depende no volver a repetirlo y nos va la vida en ello, literal. Fascismo nunca más, con ellos nada y contra ellos, todo.
Tu poesía nace de lo popular. ¿Sientes que la cultura “oficial” mira por encima del hombro a este tipo de escritura?
Se dice que la historia la cuentan los ejércitos que ganan y si sirve el símil, con la cultura pasa igual. En los colegios, a Lorca o Miguel Hernández ni los estudias, sin embargo se estudia a otros autores de manera muy profunda. A Lorca lo fusilaron, a Miguel Hernández lo dejaron morir en una cárcel y Machado tuvo que huir a Francia, por tanto, lo popular en los libros de texto no es lo oficial.
Yo creo que más que mirar por encima del hombro es envidia, primero porque en lo popular hay mucha más calidad, hay más verdad, hay más enseñanza, hay más progreso, hay en definitiva, más cultura. Y sobre todo, lo que ocurre, es que la cultura oficial está en manos de las grandes editoriales, unas editoriales dirigidas, entre otros, por los nietos de los que mataron a Lorca, que tienen un claro interés de manipular la historia, enterrando lo popular y ensalzando la cultura del “pescaito en blanco”, esa que no dice nada para que la gente no piense. Lo popular nace del pueblo y todo lo que nace del pueblo, aunque no tenga sitio en los grandes escaparates, para mí siempre será la cultura oficial.
Has vivido entre Andalucía y Mallorca. ¿Cómo influye el territorio en tu forma de escribir y de entender la realidad?
Influye de manera muy positiva conocer dos culturas diferentes y dos vidas diferentes. Dos formas de ser diferentes me aportan mucho aplomo a la hora de buscar un equilibrio entre esas dos personas que soy, me he educado en mirarme desde un lado y desde otro. Uno lo llevo en la sangre y otro, ahora, lo llevo en mis pasos.
Andalucía me da el fuego, la rebeldía del pueblo en el que he nacido y me he criado para llevar a mi poesía un mensaje que dispara de forma directa y que pelea de forma valiente, canalla y satírica, por otra parte Mallorca me da la paz, el sosiego, la calma para reflexionar sobre esa primera parte rebelde y poner negro sobre blanco poemas que hablen de derechos, pero desde la ternura y el amor más infinito.
Ahora siento que escribo desde ese lugar porque he encontrado ese equilibrio que tanto buscaba y el tener un pie en cada territorio me ayuda mucho a eso. Además, vaya mezcla más guapa esa entre dos tierras maravillosas como Andalucía y Baleares, ¿no?
En tus textos aparece mucho la calle, el pueblo, la vida real. ¿Qué opinas de la poesía que se aleja de eso y se vuelve más abstracta?
Respeto mucho la línea de cada poeta y cada cual elegirá el foco que más le convenga o con el que se sienta más cómodo, pero a mí, personalmente, hacer de la poesía ciencia ficción no me gusta, y no por retórica, sino porque creo que el poeta debe hablar desde su voz, ver desde sus ojos y tocar con su propia pluma para que lo que se dice sea creíble y verdadero.
El poeta tipo suele ser el típico cultureta inaccesible, que bebe whisky japonés en vasos de cobre y que vive en una especie de realidad paralela aislado de la sociedad, para así poder hacer esa poesía abstracta que pueda gustar a todo el mundo y no incomode a nadie. Yo soy más mundano, más rudimentario en mi vida, me mezclo con todo el mundo, bebo cerveza en el bar de la gente escuchando los problemas y las alegrías de la gente sencilla y eso me hace estar presente en el mundo que vivo. Tal vez sea que al poeta se le ha etiquetado intencionadamente como un romántico solitario y ese sea el modelo a seguir de la mayoría y así es muy difícil que tu poesía no sea abstracta. Yo estoy en el otro lado de ese tipo de poeta.
¿Qué le dirías a alguien que piensa que la poesía social está pasada de moda?
Si la poesía social sigue pidiendo hoy en día lo mismo que hace cien años es porque probablemente no esté pasada de moda sino que es más necesario que nunca hacerla para poder llevar a cabo ese mensaje de solidaridad y empatía con todos los pueblos del mundo. Si hay alguien que piensa eso creo que sería una persona que podría aportar muy poco a la sociedad, porque hacer un juicio de valor sobre un tipo de poesía simplemente por la moda, a mí, eso, ya me dice que esa persona está totalmente alineada al sistema capitalista del que hablaba antes. La persona que habla de poesía debe saber que la poesía es atemporal.
Le diría que se pidiera un kebab y se pusiera a ver Gran Hermano.
En tus relatos breves también hay mucha carga emocional. ¿Te resulta más difícil condensar un mensaje en narrativa que en poesía?
Me resulta mucho más difícil hacerlo en poesía, ya que la poesía en verso por ejemplo, te condiciona mucho en la extensión, en la métrica y en el ritmo. Hacer una poesía pienso que es más complicado porque el mensaje se encorseta mucho más que en narrativa.
La narrativa te da mucha más libertad de extensión, no obedece a parámetros estructurales técnicos en cuanto a rimas o métrica y la historia te da mucho margen para moldearla a tu antojo y al sentido del relato que esté escribiendo.
Aun así, tanto en poesía como en narrativa me siento muy cómodo porque he aprendido a identificar qué temas puedo tocar en una modalidad u otra para sacarle el máximo rendimiento.
¿Qué papel juega el amor —no solo romántico, sino social— dentro de una obra tan combativa como la tuya?
Todo, un papel fundamental, dijo uno de los más grandes iconos mundiales que al buen revolucionario lo mueven grandes sentimientos de amor, y yo estoy de acuerdo en eso, porque si tu no sientes un gran amor por el género humano no puedes jamás escribir defendiendo los derechos que protegen a las personas.
Hace falta tener un corazón muy grande para querer que tu vecino llegue bien a final de mes y que el refugiado, que huye de la guerra y del hambre, pueda un día sentarse en tu mesa a comer contigo. Entonces, el amor se convierte en la herramienta y en el arma más poderosa para cambiar las cosas en la vida diaria y por supuesto, en una obra literaria que hable de derechos y libertades, y eso es lo que yo quiero.
Si mañana dejaras de escribir, ¿qué crees que se perdería: tu voz o el mensaje que representas?
Por suerte, el mensaje hay mucha gente que también lo escribe, y mejor todavía, es que hay mucha gente buena en el mundo que el mensaje lo practica en su día a día con el obrar. Que se parte la cara peleando por un mundo mejor, que no se arruga ante situaciones de injusticia y que son el motor, el ejemplo y la inspiración para poder escribir mi poesía.
“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo” dijo mi admirado Eduardo Galeano y qué verdad tan poderosa.
Por eso, mi voz es lo de menos, porque soy uno más entre muchos, una gota en la inmensidad del océano que vaga por el agua sabiéndose parte de la solución y que siempre, siempre, se va a colocar a favor de la gente sencilla, de la clase trabajadora y de aquellos y aquellas que solo saben mirar al mundo con las gafas del amor.
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