El título Amanecer espiritual sugiere un comienzo después de un periodo de oscuridad. ¿Qué significa para usted «despertar» espiritualmente?
Me encanta esta pregunta. Para mí la raza humana está despertando espiritualmente, es decir, se está dando un despertar masivo acompañado por la energía que recibimos tanto del cielo como de la tierra. Nacemos con el velo del olvido por el que no recordamos nuestras vidas anteriores ni la esencia de luz encerrada en nuestros corazones. Crecemos creyendo que somos simples humanos mortales, pequeñitos sin ningún poder para cambiar las cosas, y eso es falso, son creencias limitantes que hemos absorbido, que nos han programado desde el exterior para intentar controlarnos. Pero ha llegado el momento de recordar nuestra chispa divina, nuestro potencial y nuestra capacidad de cocrear la realidad con ayuda del universo.
¿En qué momento nació la idea de convertir una experiencia cercana a la muerte en el punto de partida de una novela?
Fue una idea inspirada, quería una experiencia fuerte, capaz de provocar cambios profundos en la protagonista y una experiencia cercana a la muerte era perfecta, porque también podía activar sus dones a su vuelta.
Alba necesita detenerse por completo para escuchar lo que llevaba tiempo ignorando. ¿Cree que vivimos demasiado ocupados como para reconocer lo que realmente necesitamos?
Totalmente. La vida siempre intenta avisarnos de manera suave y va subiendo el tono a medida que no hacemos ningún cambio. Además, vivimos en un mundo en el que siempre llevamos prisas y la lista de tareas es interminable. Nuestro ritmo de vida a veces dificulta la capacidad de pararte a pensar en tu vida, de meditar o dedicar tiempo a hacer introspección, por eso ocurren accidentes, separaciones, vienen enfermedades o experiencias cercanas a la muerte, para obligarte a despertar a través del dolor, para que no te queden más opciones que parar y mirar hacia tu interior.
La protagonista recibe respuestas, pero también debe enfrentarse a sí misma. ¿Puede existir una verdadera transformación sin atravesar primero aquello que nos duele?
Es poco probable, normalmente hay que abordar las heridas de la infancia que traemos para poder sanarlas, aunque duelan. Necesitamos sanar a familiares, exparejas, daños sufridos durante la vida, con amor y compasión, para poder integrar sus aprendizajes y así realmente cerrar el círculo y progresar. En el mundo espiritual llega un momento en el que entiendes que tienes que abrazar tus propias sombras con mucho amor para que dejen de afectarte, que necesitas sanar heridas antiguas para poder volver a estar bien y seguir evolucionando en la vida, que necesitas recuperar un amor incondicional por ti independientemente de lo que te haya ocurrido.
¿Cómo construyó la voz de Yeshúa para que resultara humana y cercana sin perder su dimensión espiritual?
Llevo muchos años sintiendo a Yeshúa, integrando sus enseñanzas espirituales de amor incondicional, perdón y compasión. A pesar de su increíble autoridad espiritual y vibración poderosa, lo percibo como un hermano mayor, como un buen amigo, que te orienta y guía desde el amor y la compasión y así es como he intentado reflejarle en la obra.
En la obra aparece la idea de que todos poseemos dones que hemos olvidado. ¿Cómo podemos distinguir un don auténtico de un simple deseo o una expectativa personal?
Normalmente los dones tienen una vocación de servicio, surgen para ayudar a los demás, no es sólo un hobby o capricho personal, puedes llegar a sentir una llamada en tu corazón que te invita a explorar esos dones, a formarte, a sanarte, para poder ser un buen canal. Y lo realmente curioso es que cuando eliges desde tu libre albedrío poner tus dones al servicio, tu vida se vuelve mágica, empiezan a ocurrirte sincronicidades y señales, todo se armoniza a tu favor.
El amor incondicional ocupa un lugar central en el libro. ¿Es posible practicarlo sin caer en la complacencia o sin permitir que los demás sobrepasen nuestros límites?
¡Qué pregunta más interesante! Realmente es necesario despertar un amor incondicional por nosotros mismos, con nuestros aciertos y errores, con nuestras habilidades y defectos, tal y como somos, incluyendo nuestras imperfecciones y cosas buenas, un amor global y total por nosotros mismos. Así es como nos quiere la divinidad o fuente de la que provenimos y así nos aconsejan querernos a nosotros mismos. Pero una cosa distinta es intentar complacer a los demás todo el tiempo, eso no es bueno ni aconsejable para la autoestima, hay que desarrollar también un amor propio sano y saber establecer límites desde la asertividad.
¿Qué papel desempeña el perdón en el viaje de Alba y por qué suele resultar más difícil perdonarse a uno mismo que perdonar a los demás?
El tema del perdón es de vital importancia en el mundo espiritual, es un aprendizaje necesario para poder evolucionar en la vida. Es cierto, que el trabajo de sanación empieza con perdonar a los demás con amor y compasión, a entender que cada uno lo hace lo mejor que sabe con el conocimiento y el grado de consciencia que se tiene, incluido tú mismo. Cuando realmente empiezas a perdonar a los demás, a tus familiares, amigos, exparejas…, llega un momento en el que te percatas que también tienes que perdonarte a ti mismo con amor y compasión, al igual que haces con los demás, y aunque cueste, al perseverar en el perdón hacia ti y los demás, lo logras y dejas de juzgar por los supuestos errores cometidos y te centras más bien en los aprendizajes que has extraído de cada herida, de cada proceso vivido. Hay que recordar que una de las últimas frases que dijo Jesús, nuestro querido Yésuah, fue “perdónales, señor, porque no saben lo que hacen”, y esa frase, no hay que entenderla solamente desde el intelecto, hay que integrarla y practicarla en nosotros mismos para poder transformar nuestras vidas.
Su experiencia profesional en el 112 la ha situado frente a situaciones humanas extremas. ¿Le ha cambiado esa cercanía con la muerte la forma de valorar lo cotidiano?
¡Qué profunda pregunta! Es cierto que como profesional en el 112 nos enfrentamos a llamadas muy difíciles de gestionar y que nos afectan como seres humanos, pero si algo he aprendido en este trabajo es a valorar la vida humana por encima de cualquier cosa material y que es muy importante mantener la calma antes de reaccionar ante las dificultades o problemas que podemos encontrar en nuestro día a día.
Pasó de la enseñanza de idiomas y la atención de emergencias a reconocerse como escritora, médium y terapeuta holística. ¿Qué miedos tuvo que vencer para asumir públicamente esa identidad?
Pues los primeros miedos que aparecieron en mi mente fue enfrentarme al juicio de los demás porque quería poner mis dones al servicio y tuve que decirle al mundo entero que soy médium y es algo que impone al principio. También tuve que reforzarme haciendo algunas formaciones específicas sobre mediumnidad para practicar y sentirme más segura con mis dones. De hecho, escribí mi primer libro, llamado Amanecer Espiritual, mientras me formaba como médium compaginándolo con mi trabajo como operadora del 112 y con mi separación de mi expareja después de 22 años juntos. Fue una época compleja, con muchos desafíos y cambios profundos en mí, pero siempre me ayudó sentir esta llamada al servicio en mi corazón.
La espiritualidad puede generar interés, pero también escepticismo. ¿Cómo recibe las críticas de quienes consideran estas experiencias imposibles de demostrar?
Tengo suerte de que casi no recibo críticas y las que recibo he aprendido a no tomarlas como algo personal. Si alguien no cree en la videncia y en la mediumnidad son sus creencias y depende de esa persona lo que elija creer, yo he podido comprobar muchas veces a lo largo de mi vida, que las premoniciones se cumplen, que mis dones reciben información certera del otro lado y creo totalmente en el lado invisible y en el amor de la Divinidad que nos guía de forma magistral por la línea del tiempo y del espacio.
Después de escribir Amanecer espiritual, ¿ha cambiado su propia manera de entender la muerte, el propósito vital o la relación con los demás?
Me encanta esta pregunta. Siento que estoy cumpliendo mi propósito vital o ikigai como dicen los japoneses, eso me llena de felicidad independientemente de que sea un éxito o no, de lo que ocurra, me siento alineada con mi misión de vida, que hago algo que amo profundamente, que realmente me hace feliz y me hace sentir ilusionada, motivada y capaz de disfrutar el camino mágico que estoy transitando últimamente.


