1. Bajo mis hábitos presenta un convento que, lejos de ser un refugio, se convierte en una frontera entre aquello que se debe sentir y aquello que realmente se siente. ¿Por qué te interesaba situar la historia precisamente dentro de un espacio religioso?
Las religiones abrahámicas han dictado las leyes y la moral de Occidente y Medio Oriente durante siglos. Cualquier cosa que se salga de la ley es tildada de impura y ha de condenarse. Como mujer trans, sea desde un altar o desde los altavoces de medios de comunicación o políticos, siento ese peso de condena por el mero hecho de ser trans. Este aspecto tiene un matiz más destacable para mí, ya que, antes de transicionar, estuve en el seminario, y quería reflejar esa clausura donde lo que hay dentro y fuera está muy diluido.
2. La novela enfrenta constantemente fe y deseo. ¿Crees que son realmente fuerzas opuestas o que el conflicto nace de las normas que intentan determinar cómo deben vivirse ambas?
Creo que toda persona, de algún modo, tiene fe. Ya sea en algo divino o en algo a materializarse. En este caso, el deseo no choca tanto con la fe. De alguna manera se dan la mano. El problema es cuando la fe es algo que se impone y debe seguir un solo camino. Para mí, sea por carácter romántico o por la fuerza que tiene, el deseo tiene una dimensión más ligada a lo humano, lo animal, lo carnal, que empuja al ser humano a sus acciones. Y claro, puede ser elevado por la fe o no.
3. Resulta especialmente provocador que sea María, la Virgen, quien termine representando para la protagonista una forma de amor que no encuentra en las estructuras religiosas que la rodean. ¿Qué significa María dentro de la novela?
Es lo inalcanzable. La idealización del deseo y el amor. Aquello que quieres tocar con tus dedos. Veréis que no la conoce de forma real, sino desde un cuadro que ella interpreta. Así también aparece el deseo, como algo hecho tuyo. Para mí es la expresión de tres amores hechos una.
4. Culpa, castigo, deseo y miedo atraviesan la historia. ¿Hasta qué punto te interesaba hablar de los mecanismos con los que una sociedad consigue que una persona termine vigilándose y castigándose a sí misma?
Al final es lo que hemos bebido como sociedad. Una sociedad basada en la culpa. Ya sea interna, externa o incluso, la interna, se externaliza en los demás. En mi caso, como mujer trans, antes de transicionar o decir, abiertamente, que soy mujer trans, estaban estos sentimientos de culpa, de miedo. Sufrimos mucho odio por el hecho de existir. Incluso hay personas que han sido expulsadas de sus hogares por decir abiertamente que son trans. Esa atmósfera, acentuada con el deseo prohibido, es un buen pretexto para plasmar una realidad que hoy en día sigue existiendo.
5. La protagonista busca un lugar en un mundo que, en el fondo, la rechaza. ¿Es Bajo mis hábitos también una novela sobre la necesidad humana de pertenecer?
Sí, totalmente. Nos esforzamos por pertenecer, por ser queridas en un grupo de personas. De ser aceptadas. Ya sea amistades, trabajo, relaciones sexuales, hobbies… Más que pertenecer, digamos que es que tu esencia pueda ser reconocida. Que tu yo se vea reflejado. Aunque a veces, irónicamente, negamos ese yo.
6. Has definido la oscuridad como un territorio en el que encuentras cierta forma de hogar y refugio. ¿Qué puede ofrecer la oscuridad que no encuentras al escribir desde lugares más luminosos?
Aunque pueda pecar de petulante, diría que la oscuridad ofrece mucha claridad. La oscuridad, la noche, son momentos muy íntimos, de introspección y que, a veces, salen cosas que no nos gustan y debemos asumir que están ahí.
7. Tu literatura aborda la salud mental desde el terror existencial y busca belleza en aquello que se sale de la norma. ¿Por qué te interesa especialmente esa unión entre belleza e incomodidad?
Porque hay belleza en lo incómodo. Lo meramente bello se queda ahí, en algo bonito de ver. Pero hay muchas batallas de personas neurodivergentes, trans o marginales que necesitan tener su espacio, sea resaltando los horrores como la belleza. Es, de alguna manera, traer a la normalidad aquello que no lo es. Hablar del elefante en la habitación. Por ejemplo, la premisa de donde parte toda la historia es un intento de suicidio. Es dar una voz a esas realidades y viajar en ellas.
8. La novela incorpora visiones y elementos cercanos a lo onírico. ¿Te interesaba que el lector llegara a dudar de dónde termina la realidad y dónde comienza la percepción de la protagonista?
Totalmente. Para mí es bastante obvio y ya lo irán descubriendo las lectoras. También, la manera en que está escrito deja mucho a la interpretación, no solo de la realidad, sino de algunos hechos, descripciones…
9. Tu identidad como mujer trans forma parte del lugar desde el que escribes. Sin necesidad de que una obra sea autobiográfica, ¿cómo influye la propia experiencia de habitar lo no normativo en tu manera de construir personajes y conflictos?
Lo centro en mi vivencia personal. Para mí es algo bastante normal. Me fijo mucho en mis amistades. Son al fin y al cabo mis referentes, las admiro un montón y el libro va dedicado a ellas. Me han cuidado cuando más lo necesitaba. Así que, digamos que son las que más me influyen.
10. El libro no parece buscar una lectura cómoda ni ofrecer necesariamente consuelo o redención. ¿Crees que la literatura tiene también la responsabilidad de incomodar?
Sí. Para mí, tiene que dar voz a lo que no se le da voz. Tiene que removerte de alguna manera. De hacerte cuestionar las cosas, de moverte. Creo que como autora tengo esa “responsabilidad” de no quedarme en la superficie de todo está bien, hagamos algo bonito. Creo que hay muchas cosas que han sido calladas y es necesario gritarlas.
11. Lo gótico lleva siglos utilizando lo religioso, lo prohibido, el deseo y la culpa como algunos de sus grandes territorios. ¿Qué crees que sigue haciendo tan poderosa esa combinación en la actualidad?
También refleja mucho lo marginal. En la escena musical de los 70 u 80, fue una representación también de lo queer, de lo liminal. Al fin y al cabo, la oscuridad está ligada a eso en lo que no queremos entrar ni asomarnos. Lo religioso, en este caso, en general en lo gótico sirve como espejo al que enfrentarse, como algo que se rompe siendo lo religioso la normalidad.
12. Si tuvieras que señalar la pregunta que atraviesa Bajo mis hábitos de principio a fin, ¿cuál sería?
¿Hasta qué punto irías para que tu esencia nunca se pierda?


