Christian Diez Andres - Traficante de sueñosChristian Diez Andres - Traficante de sueños

1.¿Qué te llevó a escoger el título Traficante de Sueños y qué querías provocar en el lector al verlo por primera vez?

Elegí Traficante de Sueños por dos motivos muy claros. Por un lado, quería jugar con la acusación que me puso el juez: traficar con huesos de animal con fines comerciales. Y, por otro lado, con la realidad de lo que yo estaba haciendo allí: seguir un sueño. Mi único “delito” fue querer cumplir el sueño de viajar a Namibia y ser fiel a lo que sentía. Así que entendí que, si de algo se me podía acusar, era de ser un traficante de sueños.

Además, quise darle un doble sentido a la palabra “sueños”, porque la historia está contada como si el protagonista estuviera soñando mientras duerme y, al mismo tiempo, viviendo todo lo que ocurre. Esa superposición entre sueño y realidad es parte de la esencia del libro y me parecía un juego muy simbólico.

Y respecto a la portada, quería provocar emoción desde el primer segundo. No quería una imagen oscura, ni una portada típica de cárceles o prisiones. Quería algo que me representara de verdad: alguien que sigue sus sueños, que arriesga, que se deja llevar por lo que siente y que, pese a todo lo vivido, mantiene un bonito sentimiento hacia la vida. Eso es lo que quería transmitir incluso antes de abrir el libro

2. En tu obra dices que “los sueños no los crea la mente, sino el alma”. ¿Cómo aprendiste a escuchar la voz de tu alma?

Es una muy buena pregunta, y creo que daría para una respuesta larguísima. Sinceramente, aún sigo aprendiendo a escuchar a mi alma. Para mí, la clave no está solo en oír lo que te dice, sino en atreverte a hacerle caso. En arriesgarte con lo que sientes.

Estoy convencido de que la mayoría de las personas también saben escuchar a su alma. Pero a muchos les cuesta seguirla: unos miran hacia otro lado y prefieren quedarse en la racionalidad, y otros simplemente no tienen una conexión tan sensible o sentimental, y funcionan más desde la lógica. No es que no tengan alma, es que su forma de relacionarse con ella es distinta.

En mi caso, cuando quiero hacer algo —un viaje, un regalo, un proyecto, ver a alguien, un amor— claro que lo pienso, como cualquier persona. Pero antes de pensarlo, lo siento. Siento qué lugar me atrae y por qué. Siento el viento, el calor, el aire de ese sitio incluso antes de pisarlo. Siento cómo estará esa persona en ese instante. Para mí, el sentimiento es la voz del alma.

Primero sigo lo que siento, porque creo que si me habla es por algo. Y después ya lo organizo con la cabeza… pero nunca al revés.

¿Qué cómo aprendí a escuchar la voz de mi alma? Aprendiendo a hacer las cosas que me hacen sentir bien.

3.¿Hubo algún momento concreto en Namibia que marcara un antes y un después en la escritura de este libro?

Conscientemente, no. Traficante de Sueños nació por casualidad, no porque yo tuviera en mente escribir nada relacionado con Namibia. Aunque sí es verdad que siempre he sentido que algún día me gustaría escribir sobre ese país tan espectacular y salvaje.

Si tengo que señalar un punto de inflexión en el viaje, sería aquel “Cara o Cruz” que menciono en uno de los capítulos. Estábamos en pleno desierto del Namib, mi amigo Íñigo y yo. Yo quería seguir hacia el sur, hacia Sudáfrica; él prefería que nos quedásemos por la zona. Así que lo decidimos a cara o cruz… y ganó él. Volvimos entonces a una pequeña tienda local por la que ya habíamos pasado antes, y fue allí donde compré aquella vértebra.

Y el resto ya es historia. De ese simple gesto nació todo lo que después acabaría convirtiéndose en este libro.

4. ¿Qué autores o libros te han inspirado más en tu forma de escribir y de contar historias?

La verdad es que nunca me he fijado en un autor concreto para escribir. Siempre me han atraído las historias de aventura, ciencia ficción y fantasía; ese espíritu de descubrir mundos, de viajar sin límites. Si tuviera que mencionar a alguno, quizá diría Julio Verne, por ese sentido de exploración que siempre despertó algo en mí.

Pero, siendo sincero, lo que más ha inspirado mi forma de escribir no han sido libros, sino la vida misma: los paisajes que he visto viajando, las personas que me han marcado y los sentimientos que esas experiencias me dejaron dentro. Yo escribo desde ahí, desde lo vivido y lo sentido.

Y hay algo más que forma parte de mi estilo desde que soy niño: la imaginación. Siempre he tenido esa facilidad para crear lugares sin haber estado en ellos, para inventar mundos y hacerlos sentir reales, como si de verdad los estuvieras pisando. Esa mezcla entre lo que he vivido y lo que soy capaz de imaginar es la base de cómo escribo.

Creo que eso es lo que define mi estilo: poner alma, ilusión y emoción en cada escena, en cada personaje y en cada momento que cuento. Para mí escribir es eso… transformar lo que he sentido —y también lo que he soñado— en palabras que puedan llegar a otro corazón.

5. Muchos escritores dicen que publicarse a sí mismos es una forma de desnudarse. ¿Qué fue lo más difícil de exponerte en esta primera obra?

Lo más difícil no fue contar la historia en sí, sino abrir más mi alma. Mostrar sentimientos que siempre había guardado por mi forma de ser: amores, miedos, dudas… cosas que nunca dije a mis padres, a mis amigos, ni siquiera a mí mismo.

Por eso digo muchas veces que este libro marca un antes y un después en mi vida. Es una nueva etapa, un punto de inflexión en quién quiero ser y en cómo quiero vivir: siendo más sincero, más consciente y apoyándome más en las personas que quiero, sin perder mi esencia, mis sentimientos y esa parte de locura que siempre me acompaña.

Si tuviera que destacar lo más complicado, diría que fue mostrar esa parte íntima y sentimental que casi nadie conocía. Pero estoy orgulloso y feliz de haberla mostrado… y de que al lector le haya llegado.

6. Tu libro mezcla aventura, emociones y reflexión. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre lo narrativo y lo íntimo?

La verdad es que ese equilibrio surgió solo. Para mí no era crear una historia, era volver a vivirla. Me ponía en cada lugar, recordaba la aventura y, al mismo tiempo, las emociones y los sentimientos que dejé allí para siempre.

Cada momento llevaba su propia carga: la alegría y la grandeza del inicio en Namibia, la tristeza, el miedo y la confusión de la cárcel, o las partes más sensibles que tenían que ver con mi familia y conmigo mismo. Igual que en la vida, mientras avanzaba la historia, también avanzaban las emociones, lo bueno y lo malo.

Porque para mí crear una historia es ponerse allí y avanzar con la propia historia. Es estar allí y estar aquí a la vez. Y para eso hace falta imaginación, claro, pero sobre todo mucho sentimiento.

Así que, si tuviera que responder directamente, diría que encontré ese equilibrio dejándome llevar por la historia y por la propia incertidumbre mientras la escribía. Así lo que venía después era más natural y más auténtico.

7.Si tuvieras que definir tu estilo literario en tres palabras, ¿cuáles serían?

Definiría mi estilo literario con tres palabras: imaginativo, sentimental y pasional.

Imaginativo porque siempre he tenido la capacidad de crear historias y lugares aunque no haya estado en ellos. Escribo mientras imagino, y esa forma de ver las cosas me permite sentirme dentro de cada paisaje que invento.

Sentimental porque escribo desde el alma, desde dentro. Mis emociones, mis vivencias y todo lo que la vida me ha hecho sentir se refleja en cada frase de forma natural, casi sin pensarlo.

Y pasional porque, cuando imagino y siento a la vez, es como si estuviera realmente allí. Vivo lo que escribo con la misma intensidad que vivo la vida: con fuerza, con emoción y con esa energía que me nace de dentro.

8. ¿Qué papel han jugado las personas que has conocido en tus viajes en la construcción de tus historias?

Lo primero que quiero decir es que, aunque mi amigo Íñigo es como un hermano para mí y fue parte esencial del viaje a Namibia —y de mi vida—, no lo conocí en ningún viaje. Por eso no encaja exactamente en esta pregunta, aunque su importancia personal sea enorme.

A lo largo de mis viajes he conocido a personas que han sido muy importantes para mí. Algunas me acompañaron solo un rato y otras se quedaron más tiempo, pero todas dejaron algo: una mirada distinta, una forma de sentir, una huella, un sentimiento bonito que se quedó dentro. Ellas también han moldeado mi manera de entender la vida y las historias, aunque no aparezcan en ningún libro.

Si hablo concretamente de Traficante de Sueños, aquí sí que hubo una persona que, sin quererlo, tuvo un papel decisivo en la construcción del libro. Y ella fue Sara.

La conocí en Islandia, en uno de mis viajes con mi Twingo, cuando el libro ya estaba casi terminado. Todo el proceso de publicación, correcciones y decisiones iba muy lento, más de año y medio; y en ese tiempo, la vida volvió a cruzarnos: ella decidió acompañarme en mi viaje a Senegal, también con el Twingo.

Durante aquel viaje yo iba ajustando capítulos, corrigiendo detalles, añadiendo vivencias… y acabé incorporando parte de esa experiencia al libro. Pero lo más importante no fue eso, sino lo que Sara me transmitió: su manera de sentir los paisajes, su forma de evolucionar, de mirar la vida, de crecer. Aunque la he visto poco, la sentía muy cercana. En ella encontré un reflejo de lo que quería que fuera el libro: sentimiento, pasión, humanidad… y, sobre todo, crecimiento personal.

Por eso decidí que tuviera un papel pequeño, pero muy significativo dentro de la historia. Sin buscarlo, las personas que te regala la vida —y en este caso, mis viajes— terminaron influyendo directamente en la construcción de este libro.

Y siento, además, que Sara aparecerá en más historias. Es la única persona que he conocido que sabe leer ese “libro” que es el silencio de un paisaje; que entiende que un lugar también tiene alma, y que sabe quedarse con la emoción y el recuerdo que ese silencio te regala.

9. Después de Traficante de Sueños, ¿tienes ya en mente otro proyecto literario que quieras compartir?

Tengo varias ideas en la cabeza, aunque ninguna completamente definida todavía. De hecho, antes incluso de escribir Traficante de Sueños empecé una historia más imaginativa, una historia para mí preciosa que nace de una pregunta muy humana: ¿qué harías tú si fueras el último habitante de la Tierra? Es una idea que me acompaña desde hace tiempo y que algún día acabaré, pero por ahora la dejo ahí, esperando su momento.

Pero, aunque esa historia me gusta mucho, creo que mi camino va más hacia escribir sobre personas, viajes y sentimientos. Eso es lo que me movió a empezar Traficante de Sueños, y es donde siento que mi alma habla más claro.

Una de las ideas que más fuerza tiene ahora mismo es viajar por el mundo escribiendo sobre cada país. Hacer como una especie de resumen emocional de cada lugar: su gente, su esencia, lo que no sale en los mapas. Quiero empezar por África y llegar hasta Uganda, hasta los gorilas de montaña, con mi Twingo. Mi intención es poder ofrecer algo a esos países en forma de ayuda, y que ellos —los propios países— puedan devolverla al mundo a través de mis escritos, acercando a la gente del resto del mundo a esos lugares aún desconocidos. Es cambiar el miedo por sentimiento en ambas direcciones.

Aún tengo que darle forma, pero espero que Traficante de Sueños sea solo la primera piedra de un proyecto más grande: viajar, escribir y seguir soñando.

Christian Diez Andres - Traficante de sueños
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