Por tu biografía sabemos que la lectura de las novelas de Erich Maria Remarque te marcó profundamente. ¿Cómo influenciaron esas lecturas tempranas en tu desarrollo como escritor?
Mis padres guardaban en una estantería junto a mi cama la colección de novelas de Remarque. Yo tenía solo cuatro años. Las abría y leía unos pasajes sin enterarme de que iban, pero me sentía orgulloso de poder leer con soltura en voz alta delante de los mayores. Muchos años más tarde, intenté leer Remarque de nuevo, pero los temas que abordaba no me cautivaron. Hay muchos escritores que dejaron una marca más profunda en mí cuando todavía era niño, como Camus, Hesse, Orwell… aunque tampoco eran para mi edad. De todas formas, aquellas lecturas de Remarque me abrieron la puerta al mundo de la ficción, donde poco después empecé a refugiarme para descubrir otros mundos.
Tu trayectoria profesional como ingeniero de caminos es bastante notable. ¿Cómo logras equilibrar esta carrera con tu pasión por la escritura?
Antes no lograba conciliar mis dos pasiones. Empecé a escribir una novela durante la excedencia de seis meses que cogí para pasar más tiempo con mi madre. Al volver al trabajo, seguía escribiendo por las noches y los fines de semana, lo que era agotador y, además, los resultados obtenidos no me llenaban. Para escribir ASTROGOL me tomé un año sabático. Ahora intento compaginar las dos profesiones trabajando en ingeniería a jornada partida, pero sigue siendo un desafío. Digamos que el conmutador interno que me hace pasar de un modo a otro todavía no está bien desarrollado.
ASTROGOL es tu primera novela publicada, y en ella exploras el mundo del fútbol y los concursos de talentos. ¿De dónde surgió la inspiración para esta historia tan particular?
La idea de hablar de un talento del fútbol anónimo la tengo desde que era niño, porque conozco al menos a uno que encaja en el perfil del protagonista de ASTROGOL. En la novela exploro esos dos mundos, pero la verdad es que actualmente no sigo el fútbol profesional, y mucho menos los concursos de la televisión. Lo curioso es que en España el fútbol es mucho más que un deporte; es una parte integral de la cultura y de la identidad nacional, y hay tantos concursos, pero nunca ha habido uno de este tipo. Todavía me cuesta creer que a nadie se le pasó por la cabeza crear uno.
El personaje de Raúl en ASTROGOL enfrenta el reto de perseguir un sueño tardío. ¿Existen paralelismos entre la historia de Raúl y tu propia vida?
Por supuesto que sí. Yo nunca tuve suficiente talento para el fútbol y no me veo apuntándome a un concurso de talentos, pero trabajo en ingeniería hace más de treinta años, y solo ahora publiqué mi primer libro. Creo que experimento el mismo tipo de transformación, aunque en otro área y a otra escala.
En ASTROGOL, la música de los Pixies juega un papel importante. ¿Qué significado tiene esta banda para ti y por qué decidiste incorporarla en la novela?
Empecé a escuchar la música de los Pixies hace más de treinta años, pero no son mi banda preferida. Simplemente, la letra de su canción encajaba bien con el mensaje que necesitaba, igual que ocurrió con David Fonseca, a quien actualmente escucho mucho más. Por cierto, los Pixies este año han vuelto a tocar en Madrid. Curiosamente, solo me enteré de que venían cuando la novela ya estaba publicada. Me alegro de que sigan activos. Son otro ejemplo de perseverancia.

Sabemos que tienes varias novelas más que aún no han visto la luz. ¿Podrías contarnos un poco sobre esos proyectos y qué podemos esperar en el futuro cercano?
Tengo un borrador de una novela para adolescentes que escribí en 2015 inspirado en mi hija, que entonces tenía dieciséis años. Poco tiempo después, acepté un gran reto de ingeniería que me hizo desconectar de la escritura por varios años. Mientras tanto, mi hija se hizo adulta, y mi inspiración se desvaneció. De todas formas, no pierdo la esperanza. Creo que la historia sigue teniendo mucho potencial y es solo cuestión de que mis ondas cerebrales vuelvan a esa frecuencia. Luego tengo varios cuentos que podrían crecer y convertirse en novelas. A ver. Y a leer.
A menudo se dice que vivir del arte es un desafío. ¿Cuáles han sido tus mayores obstáculos en el camino como escritor y cómo los has superado?
No he encontrado todavía la manera de vivir del arte, y para lograr seguir adelante, crear y mantener a mi familia, hago uso de mis otras aptitudes. Eso sí, intento que el arte también se asome a mis proyectos de ingeniería.
Para cerrar, ¿qué consejo le darías a aquellos que, al igual que Raúl, desean seguir sus sueños a pesar de los obstáculos y la edad?
Les diría que sigan a su corazón mientras creen en ellos mismos. El oro no se oxida, y aquellos que permanecen fieles a su esencia y convicciones siempre brillarán.
