Isis - Aprendiendo a amarIsis - Aprendiendo a amar

Tu libro mezcla autobiografía, espiritualidad y acompañamiento emocional: ¿en qué género sientes que encaja realmente Aprendiendo a amar?

Aprendiendo a amar es un híbrido entre una novela autobiográfica, pero incorporando píldoras muy potentes de desarrollo personal.

Es mucho más que una historia autobiográfica porque está esa Ángela de ahora donde quedan esos posos de formación, de crecimiento, de desarrollo y de visión que también he incorporado al libro.

Nombras el abuso como algo que “simplemente es”, sin juzgarlo como bueno o malo. ¿Qué cambia cuando dejamos de etiquetar la experiencia?

El peso del abuso no deja ver que “simplemente es”. Cuando lo convertimos en eso, es cuando descubrimos que realmente hay un proceso oculto. En ese momento es cuando te desligas del abuso y adoptas una nueva mirada que te proporciona las herramientas adecuadas para convertirlo en un proceso de transformación en amor, en algo que te hace brillar.

Es como si tuvieras puesta la careta del abuso, la diferenciaras de ti y lograras quitártela. Así serías capaz de ver quién eres en realidad. Te ayudaría a ver el abuso con la distancia suficiente como para poder trabajarlo, desapegarte y diferenciarlo de tu vida. Esa mirada te permitiría ver en él una enseñanza y no un castigo permitiendo que te transforme en una mejor versión de ti misma.

Yo siento que el abuso no deja de ser un concepto. En cuanto le das una connotación negativa, lo estás juzgando. Esta manera de pensar te provoca un sentir, una emoción de baja vibración. Este tipo de dinámica pensante acarrea una serie de pensamientos, creencias y patrones limitantes que no nos dejan avanzar, que te sumen en el papel de víctima y te restan toda opción de cambiar tu vida.

En cambio, si te muestras neutral ante el concepto del abuso, lo ves como algo que es, le quitas toda etiqueta negativa y lo miras como una experiencia vivida, como una oportunidad para mejorar, te haces responsable de tu vida y entonces puedes transformarla y convertirte en una persona feliz y libre. De esta manera el abuso se convierte en un regalo y no en una carga. Un regalo que puedes compartir con esas personas que resuenen con tu historia para ayudarlos a transformar la suya.

La vulnerabilidad ocupa un lugar central en tu relato. ¿Crees que hoy seguimos penalizando socialmente mostrarnos frágiles?

Yo creo que sí. Esta sociedad ve la vulnerabilidad como debilidad, como fragilidad. Cuando nos mostramos vulnerables es cuando realmente nos quitamos los miedos, nos mostramos tal como somos, con nuestras virtudes, pero también con nuestros defectos. Y es entonces cuando nadie puede dañarnos porque nos hemos aceptado sincera e íntegramente.

Además, siento que como maestra tenemos una asignatura pendiente: proponernos trabajar para cambiar las cosas. Cuando un alumno se muestre vulnerable no se ha de convertir en el punto de mira o en la diana de otros. Como maestros hemos de agradecer la vulnerabilidad del alumnado cuando la exprese y potenciarla, no limitarla. Como dice mi maestro Gaspar “La vulnerabilidad te hará libre”.

Yo soy una maestra que cada día se propone mostrarse vulnerable al mundo y por supuesto, a mi alumnado. Si yo no doy ejemplo, ellos tampoco lo harán.

Hablas desde la experiencia, no desde la teoría. ¿Eso te expone más o te libera como autora?

Ambas cosas y en la misma medida.

Me expone porque cuando tú te abres al mundo, te muestras vulnerable. Tienes un precio a pagar. Me abro en canal porque no se trata de mí, como digo en la sinopsis de mi libro, se trata de que esas personas que vibran con mi historia puedan cambiar la suya y convertirse en seres felices y libres.

Por otro lado, al mostrarme vulnerable me libero de toda atadura, me muestro al mundo como soy, con mis luces y con mis sombras. Para mí es algo totalmente sanador.

Pero sobre todo lo hago porque lo uno a un propósito de vida: ayudar a otros con mis vivencias.

En tu discurso hay una línea clara contra el victimismo prolongado. ¿Dónde está, para ti, la frontera entre comprender el dolor y quedarse atrapado en él?

Tienes dos opciones. Puedes adoptar el papel de víctima o convertirte en el protagonista de tu vida. Cuando adoptas un papel de víctima de una determinada situación no puedes cambiarla. Entonces es cuando te quedas atascado, atrapado, en ese dolor, en ese sufrimiento perpetuo.

La única manera de avanzar es dejar atrás esa identidad haciéndote cien por cien responsable de tu vida. Nadie te hace nada. Todo nace de la manera de ver tu vida, de tu mapa. Pero el mapa no es el territorio. Tus experiencias, creencias, valores, identidades y meta identidades han condicionado tu manera de ver esa situación. El único que puede cambiar tu percepción eres tú.

En cuanto te haces responsable y traspasas el velo del miedo, aceptas el dolor como un aliado, como un maestro y das el paso hacia tu propia felicidad y libertad.

De todas maneras, se sigue sintiendo mucho dolor. El dolor es necesario para poder avanzar. Si no hay dolor, no hay transformación. Es parte de ese proceso. Cuando dejas de ser víctima dejas atrás tu antiguo “yo” y esto crea muchas resistencias, ya que este “yo” se resiste a desaparecer. Él hará lo que haga falta para que no avances. Esto quiere decir que hay un duelo. Tú haces un duelo de ti mismo: de tu “yo” anterior para ir a tu “yo” actual. Cuando decides desprenderte, sientes dolor. Pero ese dolor es liberador. Hay una transformación del dolor a la liberación.

Tu proyecto Metamorfosis propone un cambio profundo de conciencia. ¿Qué resistencias encuentras más a menudo en las personas que quieren cambiar, pero no se atreven?

El miedo. Todo pensamiento negativo se fundamenta en un miedo subyacente. Sobre todo tienen miedo a la incertidumbre, a ser rechazados y a no ser suficientes. Prefieren estar seguros que cambiar. Piensan que el cambio les obligará a desprenderse de cosas e incluso personas de las cuales no quieren desprenderse. Tienen miedo a sufrir más de lo que han experimentado, miedo a entrar en una espiral de dolor.

Lo sé porque también me ha pasado a mí. Hasta que no me vi entre la vida y la muerte no elegí el cambio, mi transformación. Tuve que tocar fondo para decidir vivir y no sobrevivir.

El ser humano a veces necesita tocar fondo para transformar su vida. Pero no siempre tiene que ser así. A todas esas personas que quieren cambiar y no se atreven les diría algo que mi maestro Gaspar Vera dijo en una ocasión: “Cuando cruzas el velo del miedo hallarás la libertad”.

La infancia aparece como un territorio sagrado y vulnerable. ¿Crees que como sociedad todavía miramos hacia otro lado cuando se habla de abuso infantil?

Rotundamente sí. Creo que ante este tema hay mucho secretismo. Creo que, a nivel social, el abuso es algo muy negativo que no da buena prensa y que es mejor ocultarlo.

Sí que es cierto que hay organismos y entidades que hacen todos los trámites para comunicar un abuso infantil, sobre todo las escuelas, que es el entorno en el cual los niños y niñas pasan gran parte de su infancia. Pero otros centros, cuando ven resistencias por parte de los familiares, se echan atrás porque temen ser denunciados por los progenitores.

Además, en el seno de la familia también suele haber mucho secretismo porque el propio niño o niña duda de si lo que le ha pasado es abuso o no. No puede entender que esa persona tan allegada le haya hecho daño y se culpa por ello. Esto se añade al hecho de que el familiar que abusa suele convencer al niño o niña de que es un secreto entre ambos.

También es muy difícil de probar porque no suele haber testigos y es la palabra de uno contra la del otro.

Escribes con una intención claramente transformadora. ¿Qué responsabilidad siente una autora cuando sabe que su libro puede remover heridas reales?

Una gran responsabilidad y la firme convicción de que ese “remover” tiene una solución. Y esa solución está en esto que propongo porque lo he experimentado en mis propias carnes. Este es el camino.

Si tu historia pudiera resumirse en un aprendizaje esencial para quien te lea, ¿cuál sería el más importante?

El abuso no es un estado perpetuo. Es un trampolín que puede lanzarte a la mejor versión de ti misma.

Isis - Aprendiendo a amar
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