El título une dos conceptos que suelen oponerse: lo inmanente y lo trascendente. ¿Dónde se encuentra el ser humano entre ambos extremos?
La inmanencia y la trascendencia son dos términos que tienen un significado opuesto, efectivamente. Sin embargo, a pesar de las diferencias semánticas, hay que ahondar el sentido de su naturaleza para lograr entender su encaje y existencia simultánea, que no es antinómica, sino complementaria. Son dos términos que representan la condición del ser humano, donde se ponen de manifiesto las dualidades, contradicciones y los secretos de la complejidad que nos son inherentes. Es necesario definir los dos conceptos para descender su significado a un punto de partida y así poner en situación a todos aquellos que son ajenos a su significado y que de esta manera sea entendible por todos. La inmanencia es un término comúnmente utilizado en el campo de la filosofía que hace referencia a aquello que es inherente a la propia esencia, es decir, todo aquello que subyace en nuestro fuero interno; mientras que la trascendencia queda representada por la forma de interactuación con el exterior en nuestras relaciones con el entorno. Un ejemplo simple de ello se hace patente al contraponer dos acciones: “lo que pienso y lo que digo o hago”. Simplemente son dos conceptos que describen lo mismo pero en dimensiones diferentes del propio ser humano.
En tu obra hay una crítica directa a la superficialidad contemporánea. ¿Crees que vivimos una época especialmente enemiga de la profundidad?
No creo que vivamos en una época donde específicamente podamos enfrentar tan drásticamente la realidad para decir que exista ese enfrentamiento. Sin embargo, la sociedad se ha dejado llevar por la corriente adictiva de la recompensa instantánea, de la inmediatez en los estímulos y por publicidad incesante y embaucadora de casos de éxito que en la mayoría de los casos no son más que espejismos en el desierto. De ello tienen la culpa todos aquellos que lanzan mensajes falaces a personalidades inmaduras o infantilizadas sobre la ausencia de necesidad de formación, de trabajo duro y de esfuerzo, a veces titánico, para la consecución de nuestros objetivos o metas. Los espíritus mediocres tienden a creer en ello como consecuencia de una falsa percepción de comodidad y simpleza en lo prometido. Las personas tienden a prestar más atención a quien les muestra un modelo de vida fácil aunque ficticio, que a quien le presenta un modelo difícil aunque real. Todo ello ha llevado a varias generaciones, las cuales junto con aspectos circunstanciales socioeconómicos y a la relativización de la tolerancia sin ponderación, a una pervivencia en la superficialidad, la simpleza y a exigencias de placer inmediato sin contrapartida. Por lo tanto, es imperativo huir de estos estereotipos impostados que han calado profundamente en la conciencia colectiva y seamos capaces de romper las cadenas que repican a cada paso que damos para así recuperar la verdadera esencia de lo que la individualidad y la autenticidad supone como elemento liberador del ser humano.
La libertad aparece como una conquista personal más que como un derecho garantizado. ¿Por qué cuesta tanto ejercerla de verdad?
Cuesta mucho ejercer lo que realmente no se tiene o se tiene mermado. Vivimos en una ficción donde la palabra se contrapone a los actos. Nos ha tocado vivir una época donde la traición de aquellos en quienes depositamos nuestra confianza para resolver los problemas y mejorar la convivencia no velan por el pueblo sino por intereses propios y espurios ejerciendo su poder coactivo como modus vivendi y en pro del escarnio del rival, el enfrentamiento entre iguales y medrando en la generación de desigualdades. Si estas palabras parecen la descripción de un mundo totalitario, es por ello por lo que en tantas ocasiones resulta tan difícil ejercer o defender esa libertad que sobre el papel actúa como fundamento de la sociedad occidental, pero que en la práctica ha quedado tan depauperada que ha llegado casi convertirse en un triste eufemismo.
Has vivido la disciplina militar y ahora escribes desde el libre pensamiento. ¿Qué aprendiste del orden que hoy te permite cuestionarlo?
Es la hora de romper este mito. Hoy día existe una disciplina mucho más severa en la vida civil que en la militar. Primero pondré de manifiesto que allá donde exista una organización jerarquizada queda excusada la asistencia del carácter democrático. Y segundo, hay que saber diferenciar el ámbito profesional del personal. Uno debe ser consciente donde se encuentra en cada momento, lo cual no es incompatible ni con el pensamiento crítico ni con el librepensamiento. Las reglas o normas son necesarias para la pacífica convivencia y el buen funcionamiento de sociedades, comunidades o grupos grandes de personas.
Teniendo en cuenta estas premisas y para responder a la pregunta, es necesario constatar como asistimos a diario a la férrea disciplina de los partidos políticos, al funcionamiento jerárquico de la empresa, al sistema de dirección de entes tanto públicos como privados o incluso alcanzando al ámbito deportivo, donde si no cumples estrictamente lo ordenado, no solo eres sancionado, sino que en el mayoría de ocasiones supone el fin de tu carrera profesional, la cancelación personal o incluso, de facto, la condena al más absoluto ostracismo con terribles consecuencias que trascienden a la propia persona afectando de manera cuasi cruel a terceros, en la mayoría de los casos.
Bien, esto no pasa en la disciplina militar, donde las órdenes se dan con exquisita educación y casi pidiendo por favor al subordinado que las cumpla; llegando en ocasiones a tener que dar explicaciones a órdenes sencillas y cotidianas. Esta es la realidad de las unidades militares convencionales.
Por otro lado, alguien podría sacar a relucir la alta disciplina de las unidades especiales. Bien, pues resulta que en las unidades donde se requieren altas cualificaciones y sus miembros son sometidos a durísimos procesos de selección por motivo de las misiones u operaciones que le son encomendadas, la propia calidad de sus miembros hace que sea mil veces más fácil dirigirlas que las convencionales donde las relaciones de liderazgo fluyen de manera natural y alejadas de ese idealizado –porque lo mando yo–.
El libro interpela al lector de forma casi incómoda. ¿Buscas sacudir conciencias más que ofrecer consuelo?
Creo que es necesario presentar la realidad tal y como es, sin maquillaje, para ser conscientes de ella. A mi modo de ver las cosas, ya hay suficiente maquillaje en nuestro entorno como para plantear al lector propuestas o conclusiones maquilladas también.
Lo que busco con Inmanente Trascendencia forma parte de una batalla cultural que se está librando entre bastidores, pero que cada vez es más patente en nuestra sociedad. Opino que el fundamento de la liberación del pensamiento surge de la valoración consciente de nosotros mismos, donde la aceptación de la realidad de cada uno nos lleve a la estima individual y auténtica de lo que somos. Finalmente y de este modo, podamos empezar a recorrer la senda de los libres. La libertad es el único consuelo para el alma de un esclavo.
Hablas de conocimiento y pensamiento crítico como herramientas de emancipación. ¿Qué papel debería jugar la cultura en una sociedad más justa?
La cultura tenida en cuenta desde su concepto más amplio, es fundamental para ser plenamente conscientes de la realidad del mundo en el que vivimos. Esto implica la incesante persecución de la ampliación de conocimiento. Por otro lado, el pensamiento crítico enlaza con otro tipo de conocimiento, el intrínseco. Estos dos conceptos son otra representación del significado de la inmanente trascendencia. Como vemos no son opuestos, sino necesariamente complementarios en el afán de recorrer el camino del crecimiento personal.
Tu poesía no rehúye lo político ni lo social. ¿Puede la poesía seguir siendo un acto subversivo hoy?
Absolutamente, sí. Además, el auge de la transmisión de ideas como expresión del libre pensamiento a través del verso, así como del intercambio de posturas y conocimiento, es impresionante. Es una bella forma de decir las cosas. La poesía es mi forma natural de expresión de ideas y sentimientos, aunque también lo hago mediante la prosa.
Después de observar el mundo desde tantos puertos y geografías distintas, ¿qué es lo que más te sigue desconcertando del ser humano?
La visión de los más bellos gestos de amor y generosidad, así como, incluso a la vez en ciertos casos, de las más absolutas miserias y barbaridades. Es otra manifestación de las dualidades y la contradicciones que son inherentes al ser humano, otro tema central de mi obra.
Si Inmanente Trascendencia fuera una conversación cara a cara con el lector, ¿qué pregunta le estarías lanzando en realidad?
Realmente, más que una pregunta, lo que pretendo que sea lanzado es un desafío. Un desafío a uno mismo a través de la reflexión y la meditación sincera. Se trata de dejar de engañarnos a nosotros mismos, despertar al yo auténtico y desde ese punto crecer como individuo. Ese es realmente el mensaje que cada uno debe desvelar en Inmanente Trascendencia.
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