Verso a beso no nace del artificio literario ni de la pose del yo poético. Nace de una vida vivida a pulso. La escritora Esther García Valero firma un poemario que es, ante todo, un ejercicio de resistencia emocional: más de treinta años de versos escritos desde el amor, el desamor y, sobre todo, desde la supervivencia.
La historia personal que atraviesa esta obra no se oculta ni se edulcora. García Valero ha sido madre prácticamente en solitario durante dos décadas, tras un divorcio que no solo supuso una ruptura afectiva, sino una lucha constante contra la precariedad, la injusticia y el intento deliberado de ser anulada. Cambió de residencia para ofrecer una vida mejor a sus hijas, se reinventó una y otra vez tras cada caída y sostuvo su camino apoyándose en valores firmes y en una fe vital que no se quebró ni siquiera cuando todo parecía diseñado para hacerlo.
Ese contexto vital no se cuenta de forma explícita en cada poema, pero lo impregna todo. Verso a beso está escrito desde quien ha amado mucho y ha perdido lo suficiente como para no mentirse más. El amor aparece a veces dulce, a veces amargo; otras, directamente peligroso. No se oculta la reiteración de relaciones fallidas ni el haber sido imán para personalidades narcisistas e infieles. Hay autocrítica, pero no culpa. Hay aprendizaje, no resentimiento.
Uno de los ejes más sólidos del poemario es la toma de conciencia: para amar bien hay que empezar por el amor propio. Ese descubrimiento no llega como consigna vacía, sino como conclusión vital tras décadas de experiencia. Los poemas funcionan como un mapa emocional donde aparecen las banderas rojas, las renuncias necesarias y la madurez que solo llega cuando una deja de ponerse en segundo plano.
Desde el punto de vista literario, el libro apuesta por una poesía clara, directa, de fácil comprensión. No busca deslumbrar con complejidad formal, sino generar identificación. Y lo consigue. El amor, al ser universal, convierte estos poemas en espejos donde el lector puede verse reflejado sin esfuerzo. Esa accesibilidad no resta profundidad; al contrario, la refuerza.
Publicar Verso a beso ha sido para su autora una experiencia terapéutica. Volver a poemas escritos hace más de treinta años implica remover recuerdos, algunos dolorosos, otros luminosos. Pero en ese ejercicio de revisión se hace visible la evolución emocional de quien escribe: cómo cambia la manera de amar, de entregarse y de protegerse.
Este primer poemario no es solo un libro sobre el amor y el desamor. Es un testimonio de dignidad, de crecimiento ante la adversidad y de la certeza de que, pese a todo, la vida sigue siendo maravillosa. Verso a beso no promete consuelo fácil, pero sí algo más valioso: compañía honesta en ese camino complejo y esencial que se llama amor.

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