- Tu obra Pinceladas de Harmonía.Com nos lleva a un universo vibrante y surrealista. ¿Cómo surgió la idea de crear Harmonía y qué querías transmitir con este lugar ficticio?
Harmonía nació de una chispa espontánea, como un relámpago en la quietud de la mente. Surgió del deseo de construir un refugio donde las palabras volaran libres, como libélulas sobre un río de luz. No fue un lugar concebido, sino un lugar que se reveló; un eco de los sueños más íntimos de la humanidad. Allí, los colores no solo se ven, se escuchan; las melodías no solo se oyen, se tocan. Harmonía es un abrazo a lo improbable, una invitación a mirar el mundo con ojos nuevos, como si nunca antes lo hubiéramos visto.
Quería transmitir la crisopeya del asombro, la posibilidad de un cosmos donde el regocijo y la poesía sean lenguajes globales. En Harmonía, lo consuetudinario se disfraza de suceso, y lo insoluble se acomoda en el sillón orejero de lo real.
Harmonía es un canto a la vida con su caos y su belleza, una oda a la libertad de ser, de soñar, de vivir con todos los sentidos abiertos como flores al amanecer. Más que un lugar, Harmonía es una idea: la de que, si lo creemos, el mundo entero puede transformarse en un bello poema interminable.
- Combinas lo cotidiano con lo surrealista en tus relatos. ¿Cómo encuentras inspiración en la vida diaria para desarrollar un estilo tan único y poético?
La vida diaria es un inmenso caleidoscopio en el que cada giro revela universos ocultos. Encuentro inspiración en los rincones más insospechados: en el vuelo errático de una hoja que parece susurrar secretos al viento, en el silencio conspirador de una farola al anochecer, en melodías de Los Nikis volando a ras de suelos lennonianos, en el murmullo de las conversaciones que los adoquines parecen guardar celosamente… Todo lo cotidiano, si se observa con la lente adecuada, está impregnado de surrealismo, como si la realidad llevara siempre un traje reversible, listo para mostrar su cara mágica cuando menos lo esperas.
Mi estilo nace de esa intersección entre lo que vemos y lo que imaginamos. Me dejo llevar por los pliegues de las pequeñas cosas: un paraguas olvidado en una estación se convierte en el confidente de los viajeros; un zumo de fresas en el restaurante de Lisardo y Lucía, en un remolino de pensamientos que se escapan hacia lo etéreo…
El secreto está en escuchar al mundo como si fuera una sinfonía en constante composición, donde cada detalle aporta una nota única. De esa partitura improvisada surgen las palabras, con sus giros y cadencias, para tejer relatos a modo de pinceladas harmónicas.
- Tus personajes son tan extravagantes como entrañables. ¿Qué proceso sigues para darles vida? ¿Te inspiras en personas reales o surgen completamente de tu imaginación?
Mis personajes nacen en un crisol donde lo real y lo imaginario se entrelazan en un zapateo juguetón. Son alquimias andantes: un destello de alguien que vi en un mercado, el eco de una frase que escuché en el metro, el aura de un recuerdo que se niega a desvanecerse, el gesto inanimado de un alumno animado… Pero también son pura invención, soplos de vida que emergen como por arte de magia, reclamando su lugar en el lienzo de Harmonía.
El proceso es más bien un encuentro fortuito. Ellos no se presentan con etiquetas ni biografías; aparecen como una risa inesperada o una sombra que susurra al oído. Cada uno trae consigo un rasgo extravagante, una manía, un sueño imposible. Entonces, los observo convivir, interactuar, evolucionar. Es como si me invitara a una fiesta donde yo no soy más que un testigo curioso, anotando con devoción sus ocurrencias y secretos.
Mis personajes son referentes curvados de la humanidad: exagerados, imprevisibles, profundamente imperfectos. Y, en esa imperfección, encuentran su alma. Algunos llevan retazos de personas reales; sí, pero al entrar en Harmonía se reinventan, se pintan con colores imposibles y se visten con la esencia de lo que podrían ser en un mundo sin límites.

- Has mencionado que consideras la escritura como un laboratorio donde experimentas con el lenguaje. ¿Cuál ha sido el experimento literario más desafiante que has realizado en tus libros?
El experimento más desafiante ha sido desarmar el lenguaje hasta sus átomos y reconstruirlo en formas que desafían su propia naturaleza. Me propuse crear frases que no solo significaran, sino que vibraran, que evocaran sensaciones más allá de lo verbal. En Pinceladas de Harmonía.Com, el reto fue fusionar la estructura de la narrativa con la libertad de la música, como si cada frase fuera una partitura que se toca y se lee a la vez.
Uno de los experimentos más atrevidos fue dotar a los objetos y conceptos abstractos de personalidad propia: que un verbo pudiera sentir nostalgia, que un color discutiera con una melodía, que el tiempo, caprichoso, se enredara en un diálogo con el espacio. Este juego de transmutar lo inerte en algo vivo se convirtió en un laboratorio perpetuo donde las oraciones no solo comunican, sino que se transforman en protagonistas.
Sin embargo, el verdadero desafío no fue inventar, sino encontrar equilibrio. Que lo experimental no sofocara la emoción, que el artificio no desplazara la humanidad. Cada frase era un salto al vacío, un intento de mezclar lo sublime con lo absurdo, lo metafísico con lo tangible. Fue como construir un castillo de naipes en pleno vendaval… y, de algún modo, verlo erguirse contra toda lógica.
- Pinceladas de Harmonía.Con fue elegido libro del año por Forolibro. ¿Qué significa para ti este tipo de reconocimiento, y cómo crees que ha influido en tu trayectoria como escritor?
El reconocimiento de Pinceladas de Harmonía.Com como libro del año por Forolibro fue, sin duda, una sorpresa inmensa y una alegría profunda. No lo esperaba, y quizás por eso lo valoro aún más. Para mí, significa que la obra, con su forma única y su mensaje de celebrar la vida, logró conectar con los lectores de una manera que trasciende las palabras. Es como si Harmonía hubiera encontrado su eco en los corazones de quienes se aventuraron a recorrerla, y eso me llena de gratitud.
En cuanto a mi trayectoria, más que cambiarla, ha sido un impulso. Es un recordatorio de que escribir desde la pasión, desde ese laboratorio donde las frases se experimentan y se reinventan, puede resonar en los demás. Pero también me hace sentir humilde, porque escribir sigue siendo, en esencia, un acto solitario, un diálogo con uno mismo y con lo intangible.
Este reconocimiento no es un punto final, sino un acicate que me anima a seguir explorando, siempre con curiosidad y respeto por quienes me leen. Al final, el mayor premio sigue siendo saber que, aunque sea por un instante, en una frase o un párrafo, alguien se sintió tocado por el mundo de Harmonía.

- Además de escritor, eres docente. ¿Cómo influye tu faceta de educador en tu obra literaria? ¿Encuentras puntos de conexión entre enseñar y escribir?
Ser docente y escritor es como bailar con dos ritmos diferentes, pero que, al final, se encuentran en el mismo compás. En el aula, mis estudiantes y yo nos sumergimos en un mar de ideas, a veces flotando en la superficie, otras veces buceando en lo profundo, buscando tesoros escondidos en palabras y conceptos. Y esa misma curiosidad que despierto en ellos, se cuela en mi escritura, donde cada frase es un experimento, un juego de palabras que quiere sorprender, emocionar y quizás, un poco, desconcertar.
Cuando enseño, me convierto en guía y explorador, pero también en un niño que redescubre lo asombroso de cada cosa que damos por sentada. En la escritura, este mismo espíritu travieso aparece, porque escribir es también enseñar a los lectores a ver el mundo con ojos nuevos, a pensar que lo imposible es solo un paso más allá.
Los estudiantes me enseñan a ser valiente con las palabras, a lanzarlas al aire como si fueran confites, sin miedo a que caigan en el lugar equivocado. Y, a su vez, mis historias surgen de ese acto compartido de curiosidad y asombro, como un juego en el que nunca se sabe quién ganará, pero siempre hay algo divertido que descubrir.
Gracias a mis alumnos, mis clases se llenan de risas, sorpresas, exigencias y desafíos, y mis libros no podrían existir sin ese contacto directo con la chispa de la juventud y la inquietud humana. Es como si cada palabra escrita fuera un siseo de mis estudiantes, un rebote sonoro de sus preguntas e inquietudes, transformado en algo completamente nuevo y, a veces, un poquito delirante.
- Publicar libros de un estilo tan personal y experimental puede ser un reto. ¿Te has encontrado con miedos o inseguridades al exponer tu trabajo? ¿Cómo los has superado?
¡Oh, claro! Publicar libros que son más como un menudo centro científico de lo absurdo y lo sublime es un acto de valentía… y de locura. Al principio, el miedo se asoma como una sombra persistente, mascullando que quizás nadie entenderá las exóticas aventuras que he cosido, que mis personajes saltarán al vacío sin que nadie los atrape. Esa inseguridad es como un perro pachón que te sigue, ladrando mientras intentas correr. Pero lo curioso es que, con el tiempo, me he dado cuenta de que esos miedos son, en realidad, parte del proceso creativo. No se pueden evitar, y en cierta forma, son ellos quienes dan color a la escritura de las obras.
Superarlos no ha sido sencillo, pero lo he hecho a base de abrazar la incertidumbre, de aceptar que cada palabra escrita es un paso hacia lo desconocido. ¿Y qué es escribir, si no un salto al vacío? He aprendido a confiar en la espontaneidad de la creación, en la libertad de soltar las riendas y dejar que el texto se convierta en algo más grande que yo mismo.
Cuando el miedo aparece, me recuerdo que lo más importante no es la aprobación ajena, sino la verdad con la que me enfrento en el word en blanco. Porque en el fondo, el miedo no se supera luchando contra él, sino bailando con él, invitándolo a ser parte de la historia.
Y es que, al final, lo que realmente me ha ayudado a superarlo es el propio acto de escribir: ver cómo, de repente, una frase, una imagen, una idea, cobra vida. Esa magia es suficiente para callar cualquier inseguridad. Cuando un libro encuentra su lugar, no importa lo extraño o lo experimental que sea. Lo importante es que ha nacido del corazón, y eso, por más que lo intente el miedo, siempre es lo que resuena más allá de la página.

- Por último, ¿qué mensaje esperas que los lectores se lleven después de adentrarse en Pinceladas de Harmonía.Com? ¿Hay algún aspecto de tu obra que consideres fundamental para entenderla plenamente?
Espero que los lectores salgan de Pinceladas de Harmonía.Com con una sonrisa, pero no cualquier sonrisa, sino una que tenga algo de complicidad, de descubrimiento y de asombro. Quiero que sientan que, aunque el mundo puede ser caótico y desconcertante, siempre hay un rincón donde la magia se asoma, donde la vida es más que una secuencia de hechos y se convierte en un ob-la-di ob-la-da de momentos fugaces.
Si logro que alguien se pregunte, aunque sea por un segundo, si el libro tiene suficientes giros inesperados como para que su cerebro necesite un cinturón de seguridad, si logró hacer que sus emociones salten como un gato al ver un pepino, si consigo que experimenten las palabras como tan mágicas que sientan que podrían hacer levitar una taza de chicha morada, si lo ven tan épico que se noten como si fueran protagonistas en un mundo alternativo, enfrentándose a dragones… de papel, si se formulan cualquier pregunta como estas o parecidas, la escritura de Pinceladas de Harmonía.Com ya habrá tenido sentido.
Uno de los aspectos más fundamentales para entender la obra, quizás, sea aceptar que no hay respuestas definitivas. Pinceladas de Harmonía.Com no busca dar lecciones, sino invitar a la reflexión, a la introspección, a la curiosidad. En Harmonía, las certezas se disuelven como azucarillos en el café, y lo que prevalece es la invitación a disfrutar de lo inexplicable. La clave está en entregarse al flujo de las palabras, en dejar que la poesía hable en lugar de buscar una lógica inquebrantable. Es una obra que se lee con los ojos, pero también con el alma.
Así que mi mensaje, en realidad, es muy simple: «Deja que las frases te sorprendan. Busca la belleza que se oculta en las fisuras de lo que parece lírico. La vida misma es un lienzo, y, en el fondo, todos somos pinceles”.
